El vértice

Volví a la torre.

Subí al campanario cuando el pueblo dormía.

Busqué el vértice con las manos.
Lo encontré sin mirar, como si todavía supiera llegar hasta él con los ojos cerrados.

Apoyé la frente
y me quedé quieta un momento.

No levanté la vista todavía.

Necesitaba reconocer primero el silencio,
el aire más frío aquí arriba,
la sensación de estar exactamente en el mismo lugar.

Esperé.

El cielo tardó en abrirse.
Como si también necesitara tiempo para reconocerme.

Entonces apareció.

Miré.